lunes, 4 de julio de 2011

"LA MEDIACIÓN" DE CHARLES BUKOWSKI (RELATO COMPLETO)


Sonó el teléfono. Era Paul, el escritor. Estaba deprimido.
En Northridge.
—¿Harry?

—¿Sí?
—Nancy y yo hemos roto.
—¿Sí?
—Escucha, quiero volver con ella. ¿Puedes ayudarme? Salvo que quierastú volver con ella...
Harry sonrió al aparato.
—No, no quiero volver con ella, Paul.

—No sé lo que pasó. Ella empezó con el asunto del dinero. Empezó a gritar por el dinero. Me pasaba por las narices las facturas de teléfono. Bueno, he estado haciendo todo lo posible para sacar pasta. Teníamos el tinglado aquel. Barney y yo. Nos poníamos los trajes de pingüinos..., él recitaba un verso de un poema, yo recitaba el otro..., cuatro micrófonos..., teníamos el grupo aquel de jazz para la sintonía de fondo...

—Paul, los recibos del teléfono son cosa seria —dijo Harry—. No deberías utilizar su teléfono cuando estás achispado. Conoces a demasiada gente en Maine, Boston y New Hampshire. Nancy es un caso de neurosis de angustia. No puede poner en marcha el coche sin que le dé un ataque. Se pone el cinturón, empieza a temblar y a darle a la bocina. Está como una cabra. Y es igual en todos los terrenos. Entra en unos grandes almacenes

y se ofende porque hay un dependiente mascando chicle.
—Ella dice que te mantuvo durante tres meses.
—Mantuvo mi pijo. Básicamente con tarjetas de crédito.
—¿Eres tan bueno como dicen? Harry se echó a reír.
—Les doy alma. Eso no puede medirse en centímetros.
—Quiero volver con ella. Dime qué debo hacer.
—O chupas coño como un hombre o te buscas un trabajo.
—Perotú no trabajas.
—No te compares conmigo. Ese es el error que comete la mayoría.
—Pero ¿dónde puedo conseguir algo de pasta? Estoy sin blanca. ¿Qué puedo hacer?
—Chupar aire.
—¿Es que no sabes lo que es tener un poco de compasión?
—Los únicos que lo saben son los que la necesitan.
—Ya la necesitarás tú algún día.
—La necesito ahora..., sólo que la necesito en una forma distinta de la tuya.
—Lo que yo necesito es pasta, Harry, ¿cómo puedo conseguirla?

—Atraca un banco. Si lo consigues hacer limpiamente, estás salvado. Si te enganchan, habrás conseguido una celda en la cárcel, no tendrás que pagar recibos de electricidad, ni de teléfono, ni de gas, no tendrás que aguantar a mujeres gruñonas. Además, podrás aprender un oficio y ganarás cuatro centavos a la hora.
—Realmente sabes machacar a un hombre.
—Vale. Sácate el caramelo del culo y te diré algo.
—Ya está sacado.
—Te diré el motivo por el que Nancy te ha dejado por otro. Otro tipo, negro, blanco, rojo o amarillo.
Anota esta regla y estarás siempre a cubierto: una mujer raras veces abandona a una víctima sin tener otra a

mano.
—Amigo —dijo Paul—, lo que necesito es ayuda, no teorías.
—Si no entiendes la teoría, siempre necesitarás ayuda...
Harry descolgó el teléfono y marcó el número de Nancy.
—¿Sí? —contestó ella;
—Soy Harry.
—Me he enterado por un pajarito de que estuviste muy liada en México. ¿Es cierto?
—Ah, te refieres a...
—Un torero español arruinado, ¿no?
—Con unos ojosbellísimos. No como los tuyos. Que no hay quien los vea.
—No quiero que nadie me los vea.
—¿Por qué?
—Porque si viesen lo que pienso, no podría engañarles.
—Así que me has telefoneado para decirme que sigues usando gafas de sol.
—Eso ya lo sabes. Te he llamado para decirte que Paul quiere volver. ¿Te sirve de algo que te lo

diga?
—No.
—Ya me lo parecía.
—¿De veras te telefoneó?
—Sí.
—Bueno, he conseguido otro hombre. ¡Es maravilloso!
—Yo ya le dije a Paul que probablemente estabas interesada en algún otro.
—¿Cómo lo sabías?
—Lo sabía.
—¿Harry?
—¿Sí, muñeca?
—Vete a hacer puñetas...
Nancy colgó.

Vaya, pensó él, intento hacer de mediador y los dos se cabrean. Entró en el cuarto de baño y se miró la cara en el espejo. Qué rostro tan bondadoso tenía, Dios santo. ¿Es que no se daban cuenta? Comprensión. Nobleza. Localizó una espinilla cerca de la nariz. La apretó. Salió, negra y encantadora, arrastrando un rabillo de pus amarillo. Lo decisivo, pensó, es comprender a las mujeres y entender el amor. Amasó entre los dedos la espinilla. O quizá lo decisivo fuese tener huevos para cargarse limpiamente a un tipo. Se sentó a cagar mientras meditaba largamente en el tema.

Charles Bukowski del libro música de cañerías.