domingo, 16 de octubre de 2011

Una de las más ardientes

Llevaba una peluca rubio platino
el rostro arreglado y empolvado
el lápiz de labios
pintaba
en sus labios, enormes
labios rojos.

Del cuello colgaban algunas arrugas
pero era la dueña de una cola
que envidiarían las pendejas
y sus piernas estaban muy bien formadas.

Usaba bombachas azules, las que bajé
y levantando su vestido y con la t.v. titilando
se la puse de parado
forcejeamos alrededor de la cama
(mis pensamientos: me estoy fifando una tumba, estoy
devolviendo la vida a los muertos, maravilloso
tan maravilloso…
igual que comer aceitunas frías en la madrugada
mientras la mitad de la ciudad arde en llamas.)
acabé.

Muchachos ustedes pueden quedarse con todas sus vírgenes
déjenme a mí las jóvenes calientes en tacos altos
que poseen culos que se olvidan de envejecer

por supuesto, después te despedís
o te emborrachas mucho
que viene a ser la misma
cosa.

Bebimos vino durante horas y miramos t.v.
y cuando nos metimos en la cama
a dormir todo el alcohol
ella no se sacó la dentadura postiza
en toda la noche.

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