miércoles, 30 de junio de 2010

" EL DEDO " de CHARLES BUKOWSKI

los conductores de automóviles
cuentan con muy pocos recursos
y originalidad.
Cuando se enfadan con
otro
conductor
a menudo le muestran el
DEDO.
he visto a dos hombres
adultos,
los rostros colorados
conduciendo uno junto a otro
mostrándose mutuamente el
DEDO.
bien, todos sabemos lo que
quiere decir, no es ningún
secreto.
aun así, ese gesto se emplea
con una frecuencia tan excesiva que ha
perdido gran parte de su
impacto.
algunos de los hombres que se muestran
el DEDO son jefes de
industrias, concejales de la ciudad
tasadores de seguros
contables y/o simplemente
desempleados.
no importa.
es su respuesta
favorita.
la gente jamas admitirá
que conduce
mal.
el DEDO es su
respuesta.
veo a hombres adultos
MOSTRARSE EL DEDO mutuamente
a lo largo de todo el día.
me lleva a la reflexión.
cuando considero
el estado de nuestras ciudades,
el estado de nuestros estados,
el estado de nuestro país,
comienzo a
comprender.
el dedo es un estado de la
mente.
todos nosotros somos LOS QUE SE MUESTRAN EL DEDO.
nos lo mostramos
uno al otro.
nos lo mostramos de ida y
de vuelta.
no sabemos otro modo
de responder.
menuda manera infernal
de no
vivir.

lunes, 28 de junio de 2010

"Sábana" de Charles Bukowski

Esas sábanas que lleva,
dijo la vieja
en el dep. de artículos de uso doméstico,
son para una cama de matrimonio.
¿tiene una cama de matrimonio o
cama individual?
bueno, verá, le respondí
mi cama es bastante rara, es
algo así como una cama individual y media.
descríbame su cama, me dijo.
¿cómo?
descríbame su
cama.
preferiría no hacerlo, le dije.
bueno, me dijo la vieja, quiero que sepa
que las sábanas que lleva son
para una cama de matrimonio, y si tiene una cama
individual, va contra las leyes del estado.
¿qué?, le pregunté.
repítalo.
he dicho que va contra las leyes del
estado.
¿lo que quiere decir...?, le pregunté.
quiero decir que no puede devolver esas sábanas
después de haber abierto el
envoltorio.
de acuerdo, dije, déme un par de
individuales.
me trató con cómodo
desdén. creo que la vieja llevaba en
sábanas toda la
vida. creo que deberían poner jovencitas
en el dep. de sábanas.
después de todo, las sábanas no me hacen pensar en
dormir
en absoluto
sino en algo completamente
distinto. sobre todo las sábanas blancas y
nuevecitas.
deberían poner a las viejas como ella en
comida para perros. o herramientas de jardín. y
cuando me dio las individuales supe que sabía que
dormía solo. igual que
ella.

Charles Bukowski.

domingo, 27 de junio de 2010

" Y LA LUNA Y LAS ESTRELLAS Y EL MUNDO " de CHARLES BUKOWSKI

Largas caminatas
nocturnas
son buenas
para el
alma:
viendo furtivamente a través de las ventanas
mirando extenuadas
amas de casa
intentando escabullirse
de sus frenéticamente encervezados
maridos

sábado, 26 de junio de 2010

"PURPURA COMO UN IRIS" de Charles Bukowski (relato completo)

PURPURA COMO UN IRIS
CHARLES BUKOWSKI



En un lado del pabellón decía A-1, A-2, A-3, etc., y allí estaban los hombres. En el otro decía B-1, B-2, B-3, y allí tenían a las mujeres. Pero luego decidieron que sería buena terapia dejarles mezclarse de vez en cuando, y era muy buena terapia: jodíamos en los retretes, en el jardín, detrás del granero, en cualquier sitio.
Muchas de las que estaban allí se fingían locas por que los maridos las habían cazado dándole al asunto con otros, pero todo era cuento, pedían ellas mismas que las ingresaran y así los maridos se compadecían, y luego salían y volvían a las andadas. Luego volvían a entrar, salían, etc. Pero mientras estaban allí dentro, tenían que hacerlo, y nosotros hacíamos todo lo posible por ayudarlas, y, por supuesto, el personal estaba muy ocupado: los médicos jodiendo con las enfermeras y los ayudantes jodiendose entre sí, por eso apenas se enteraban de lo que hacíamos nosotros. Y eso estaba muy bien.
He visto más locos fuera (mira donde quieras: almacenes, fabricas, oficinas de correos, tiendas de animales, partidos de béisbol, oficinas políticas) que dentro. A veces me preguntaba por qué estarían allí. Había un tipo absolutamente equilibrado. Podías hablar con él sin problemas, se llamaba Bobby, parecía normal del todo. De hecho, parecía muchísimo mas normal que la mayoría de los comecocos que intentaban curarnos. No podías hablar con un comecocos sin sentirte loco tú mismo. La razón de que la mayoría de los comecocos se hagan comecocos es que están preocupados por su propio coco.
Y examinar la propia mente es lo peor que puede hacer un loco, y todas las teorías que digan lo contrario son pura mierda. De vez en cuando, algún loco preguntaba algo así:
-Oye, ¿dónde está el doctor Malov? No ha aparecido hoy.
¿está de vacaciones, o el han trasladado?
-está de vacaciones -contestaba otro loco-, y el han trasladado.
-No lo entiendo.
-Cuchillo de carnicero. Muñecas y cuello. No dejó ni una nota.
-Era un tipo tan agradable.
-Sí, mierda, sí.
Esto es algo que yo no podía entender. Quiero decir lo de que funcionase radio Macuto en lugares como aquel. Radio Macuto nunca se equivoca. Fabricas, grandes instituciones como aquella... corre el rumor de que ha pasado esto y aquello. Y más aún, con días, con semanas de antelación, oyes cosas que resultan ciertas. Al viejo Joe, que llevaba allí veinte años, le iban a soltar. O nos iban a soltar a todos o cualquier cosa así. Siempre era cierto.
Otra cosa de los comecocos, volviendo a ellos, era que yo nunca podía entender por qué tenían que seguir la vía dura teniendo a su disposición todas aquellas píldoras.
Bueno, en fin, volviendo al asunto, los casos más avanzados (quiero decir avanzados respecto a una aparente cura) tenían permiso para salir a las dos de la tarde los lunes y los jueves, y tenían que volver a las cinco y media porque sino perdían sus privilegios. La teoría era que así podríamos lentamente ajustarnos a la sociedad. Ya sabes, en vez de simplemente saltar del manicomio a la calle. Un vistazo podría hacerte volver en seguida, al ver a todos aquellos locos sueltos.
A mí me concedían mis privilegios de lunes y jueves, durante los cuales visitaba a un medico al que tenía enganchado y me cargaba de benzedrina, dexadrina, mezendrina, arcoirís, libriums y demás, gratis. Se lo vendía a los pacientes. Bobby las comía como caramelos, y Bobby tenía muchísimo dinero. En realidad, la mayoría lo tenía. Como dije, a veces me preguntaba por qué Bobby estaba allí. Era normal en casi todas las áreas de conducta, sólo tenía una cosita: de vez en cuando, se levantaba y se metía las manos en los bolsillos y alzaba mucho las perneras de los pantalones y andaba ocho o diez pasos soltando un torpe silbidillo. Una especie de melodía que tenía en la cabeza. No era musical. Era una especie de melodía, siempre la misma. Duraba sólo unos segundos. Eso era lo único que el pasaba a Bobby. Pero seguía haciéndolo entre veinte y treinta veces al día. Yo al verlo, al principio, creí que bromeaba y pensé, vaya, que tío más simpático y agradable. Luego, más tarde, te dabas cuenta de que tenía que hacerlo.
Vale. ¿Dónde estaba? Bien. A las chicas las dejaban salir a las dos de la tarde también, y entonces teníamos más posibilidades con ellas. Ponía muy caliente el andar jodiendo por aquellos retretes, pero teníamos que darnos prisa porque rondaban por allí los cazadores. Eran tipos con coche, que conocían el horario del hospital y llegaban en sus coches y nos birlaban a nuestras lindas y desvalidas damas.
Antes de meterme en el trafico de drogas, no tenía casi dinero y sí muchos problemas. Tuve una vez que trincarme a una de las mejores, Mary, en el water de señoras de una gasolinera. Fue bastante difícil para dar con la postura (cualquiera se tumba en el suelo de un meadero) y el asunto no iba bien de pie, era espantoso hasta que recordé un truco que aprendiera una vez. Cruzaba en tren Utah. Con una linda y joven india borracha de vino. El dije a Mary que pusiera una pierna encima del lavabo. Yo subí una pierna encima del lavabo también y entré. Funciono bien. Recuérdalo. Puede serte útil algún día. Puedes, incluso, soltar el agua caliente y que te bañe los huevos para añadir una sensación más. Pero el caso es que salió primero Mary del water de señoras y luego salí yo. Y me vio el de la gasolinera.
-Eh, amigo, ¿qué hacia usted en el water de señoras?
-¡Vaya hombre, vaya! -hice un delicado movimiento con la muñeca-. ¿Es que quieres ligarme? -y salí meneando el culo. No pareció poner duda de mi condición. Eso estuvo preocupándome muchísimo en unas dos semanas. Luego, lo olvidé...
creo que lo olvidé. En fin, de todos modos, la droga funcionaba bien. Bobby se lo tragaba todo. El vendí incluso un par de píldoras anticonceptivas. Se las trago también.
-Buen material, amigo. Consígueme más, ¿vale?
Pero el más raro de todos ellos era Pulon. Siempre estaba sentado en una silla junto a la ventana, sin moverse. Nunca iba al comedor. Nadie lo veía comer. Pasaban semanas. Y él seguía sentado allí, sentado en su silla. Pero se relacionaba realmente con los locos que eran casos perdidos: la gente que nunca hablaba con nadie, ni siquiera con los comecocos. Se plantaban allí y hablaban con Pulon. Hablaban, cabeceaban, reían, fumaban. Aparte de Pulon, también a mí se me daba muy bien el relacionarme con estos casos perdidos.
-¿Cómo hacéis para vencer su resistencia? -nos preguntaban los comecocos.
Entonces, ambos les mirábamos sin contestar.
Pero Pulon podía hablar con gente que llevaba veinte años sin hablar. Conseguía que contestaran a preguntas y que le contaran cosas. Pulon era muy raro. Era uno de esos hombres inteligentes capaces de morir sin soltar prenda... y quizás por eso seguía aquel camino. Sólo un zoquete tiene bolsas llenas de consejos y respuestas a todas las preguntas.
-Escucha, Pulon -dije-, tú nunca comes. Nunca te veo comer nada. ¿Cómo puedes mantenerte?
-Jijijijijiji. Jijijijijij.
Me presenté voluntario para trabajos especiales sólo por salir del pabellón, para andar por el hospital. Yo era un poco como Bobby, sólo que no me subía los pantalones y silbaba alguna desentonada versión de la Carmen de Bizet. Yo tenía aquel complejo de suicidio y los graves ataques depresivos y no podía soportar las muchedumbres y, sobre todo, no podía soportar estar en una larga cola esperando por algo. Y en eso es que se esta convirtiendo toda la sociedad. Largas colas y esperar por algo. Intenté suicidarme con gas y no resultó. Pero tenía otro problema. Mi problema era salir de la cama. Me fastidiaba salir de la cama, siempre. Solía decir a la gente:" los mayores inventos del hombre son la cama y la bomba atómica: la primera te aísla y la segunda te ayuda a escapar". Me tomaban por loco. Juegos de niños, eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños. Van del coño a la tumba sin que les roce siquiera el horror de la vida.
Sí, me fastidiaba levantarme de la cama por la mañana. Esto significaba empezar la vida de nuevo y después de estar en la cama toda la noche has creado un tipo de intimidad a la que es muy difícil renunciar. Yo siempre fui un solitario. Perdona, supongo que lo que me pasa es que estoy desquiciado, pero no me importaría que todos los habitantes del mundo su muriesen. Sí, sé que no es agradable. Pero yo me pondría tan contento como un caracol; después de todo fue la gente que me hizo desgraciado.
Todas las mañanas igual:
-Bukowski, ¡arriba!
-¿Quéeeeee?
-He dicho: ¡Bukowski arriba!
-¿Cómo?
-¡Nada de COMO! ¡Arriba! ¡Levántate de una vez!
-... arrr... tu puta hermana..
-Iré a avisar al doctor Blasingham.
-A la mierda el doctor Blasingham.
Y allí llegaba trotando Blasingham, furioso, algo alterado, en fin, por que estaba metiendole el dedo a una de las estudiantes de enfermera en su despacho, una que soñaba con casarse e ir de vacaciones a la Riviera francesa... con un viejo subnormal al que ni siquiera se el levantaba. Doctor Blasingham. Chupasangre de fondos del condado. Un farsante y un mierda. Yo no entendía como no el habían elegido aún presidente de Estados Unidos. Quizás no el hubiesen visto aún... estaba tan ocupado sobando y baboseando las bragas de la enfermera...
-Vamos, Bukowski, ¡ARRIBA!
-No hay nada que hacer. No hay absolutamente nada que hacer... ¿Es que no se da cuenta?
-Arriba. O perderá todos sus privilegios.
-Mierda. Eso es decir que perderás el condón cuando no hay nada que joder.
-De acuerdo, cabron... yo. El doctor Blasingham, voy a contar... veamos... uno... dos...
Me levanté de un salto.
-El hombre es la victima de un medio que se niega a comprender su alma.
-Tú perdiste el alma en el parvulario, Bukowski. Venga, lávate y prepárate para el desayuno...
Me dieron el trabajo de ordeñar las vacas, por ultimo, y tenía que levantarme antes que nadie. Pero era agradable tirarles de las tetas a las vacas aquellas. Y me puse de acuerdo con Mary para encontrarnos junto al granero aquella mañana. Toda aquella paja. Sería bárbaro, bárbaro. Yo estaba tirándole de las tetas al bicho cuando asomó Mary por un lado.
-Venga vamos, pitón.
Ella me llamaba "pitón". No tengo idea por qué. Quizás piense que soy Pulon, pensaba yo. Pero, ¿qué demonios saca un hombre de pensar? Sólo problemas. En fin, subimos al altillo del pajar, nos desvestimos; desnudos los dos como ovejas esquiladas, tiritando, aquella paja limpia y dura clavándose en la carne como alfileres de hielo. Demonios, era lo que se lee en las novelas antiguas, dios mío, estábamos allí...
Entré. Era magnifico. Ya empezaba a engranar cuando pareció como si todo el ejercito italiano hubiese irrumpido en el pajar:
-¡EH! ¡ALTO! ¡ALTO! ¡SUELTA A ESA MUJER!
-¡DESMONTA INMEDIATAMENTE!
-¡SACA TU PIJO DE AHÍ!
Una pandilla de auxiliares, magníficos chicos todos, homosexuales la mayoría, demonios
, yo no tenia nada contra ellos, pero... Vaya: suben la escalerilla...
-¡ESTATE QUIETO ANIMAL!
-¡SI TE CORRES TE CORTAMOS LOS HUEVOS!
Aceleré, pero era inútil. Eran cuatro. Me arrancaron de allí y me tiraron de espaldas.
-¡DIOS SANTO, MIRA ESE CHISME!
-¡PÚRPURA COMO UN IRIS Y LARGO COMO MEDIO BRAZO! ¡PALPITANTE, GIGANTESCO, FEO!
-¿DEBEMOS?
-Podríamos perder el trabajo.
-Pero quizás mereciera la pena.
En ese momento entro el doctor Blasingham. Eso lo resolvió todo.
-¿Qué pasa ahí arriba? -preguntó.
-Tenemos a este hombre bajo nuestro control, doctor.
-¿Y la mujer?
-¿La mujer?
-Sí, la mujer.
-Oh... ella está más loca que el diablo.
-De acuerdo, que se pongan la ropa y que vengan a mi despacho. Por separado. ¡Primero la mujer!
Me hicieron esperar allí fuera, a la puerta del despacho particular de Blasingham. Allí estuve sentado entre dos auxiliares en aquel duro banco, pasando un ejemplar del Atlantic Monthly a otro del Reader's Digest. Una tortura. Como estar muriéndose de sed en el desierto y que te preguntes que prefieres: chupar una esponja seca o que te metan nueve o diez granos de arena garganta abajo...
Supongo que Mary recibió una buen reprimenda del doctor. Luego, sacaron a Mary y me metieron a mí. Blasingham parecía tomarse en serio el asunto. Me dijo que llevaba varios días vigilándome con unos prismáticos. Que sospechaba de mí desde hacia semanas. Dos embarazos sin aclarar. El dije que privar a un hombre de relaciones sexuales no era el medio mas saludable de ayudarle a recobrar el juicio. El proclamó que la energía sexual podía transferirse columna vertebral arriba y reciclarse para otros usos más gratificantes. El dije que creía que podía ser así, si fuese voluntario pero que siendo a la fuerza, a la columna vertebral podía muy bien no apetecerle transferir energía para otros usos mas gratificantes. En fin, en resumen, perdí mis privilegios por dos semanas. Pero antes de diñarla, espero echar un polvo en aquella paja. ¡Fastidiarme en plan como aquel! Me deben uno, por lo menos.


viernes, 25 de junio de 2010

"Una punto cuarenta y cinco para pagar los gastos del mes" de Charles Bukowski (relato completo)

Duke tenía aquella hija, Lala, le llamaban, de cuatro años era su primer crío y él siempre había procurado no tener hijos, temiendo que pudiesen asesinarle, o algo así, pero ahora estaba loco y ella le encantaba, ella sabía todo lo que Duke pensaba, pues había una especie de cable que iba de ella a él y de él a ella.
Duke estaba en el supermercado con Lala, y hablaban, decían cosas, hablaban de todo y ella le decía todo lo que sabía, y sabía mucho, instintivamente, y Duke no sabía mucho, pero le decía lo que podía, y el asunto funcionaba, eran felices juntos.
—¿qué es eso? —preguntó ella.
—eso es un coco.
—¿qué tiene dentro?
—leche y cosa de masticar.
—¿por qué está ahí?
—porque se siente a gusto ahí, toda esa leche y esa carne mascable, se siente bien dentro de esa cáscara, se dice: «¡oh qué bien me siento aquí!».
—¿y por qué se siente bien ahí?
—porque cualquier cosa se sentiría bien ahí. yo me sentiría bien.
—no, tú no. no podrías conducir el coche desde ahí dentro, ni verme desde ahí dentro, no podrías comer huevos con jamón desde ahí.
—los huevos y el jamón no lo son todo.
—¿qué es todo?
—no sé. quizás el interior del sol, sólido congelado.
—¿el INTERIOR del SOL...? ¿SOLIDO CONGELADO?
—sí.
—¿cómo sería el interior del sol si fuese sólido congelado?
—bueno, el sol debe ser corno una pelota de fuego, no creo que los científicos estuviesen de acuerdo conmigo, pero yo creo que debe ser eso.
Duke cogió un aguacate.
—¡oh!
—sí, eso es un aguacate: sol congelado, comemos el sol y luego podemos andar por ahí y sentirnos calientes.
—¿está el sol en toda esa cerveza que tú bebes?
—sí, lo está.
—¿está el sol dentro de mí?
—no he conocido a nadie que tenga dentro tanto sol como tú.
—¡pues yo creo que tú tienes dentro un SOL INMENSO!
—gracias, querida.
siguieron y terminaron sus compras. Duke no eligió nada. Lala llenó el cesto de cuanto quiso, parte de ello no comestible: globos, lapiceros, una pistola de juguete, un hombre espacial al que le salía un paracaídas de la espalda al lanzarlo al cielo, un hombre espacial magnífico.
a Lala no le gustó la cajera, la miró ceñuda, hosca, pobre mujer: le habían ahuecado la cara y se la habían vaciado. era un espectáculo de horror y ni siquiera lo sabía.
—¡hola bonita! —dijo la cajera. Lala no contestó. Duke no la empujó a hacerlo, pagaron su dinero y volvieron al coche.
—cogen nuestro dinero —dijo Lala.
—sí.
—y luego tú tienes que ir a trabajar de noche para ganar más. no me gusta que marches de noche, yo quiero jugar a mamá, quiero ser mamá y que tú seas un niño.
—bueno, yo seré el niño ahora mismo, ¿qué tal, mamá?
—muy bien, niño, ¿puedes conducir el coche?
—puedo intentarlo.
luego, en el coche, cuando iban conduciendo, un hijo de puta apretó el acelerador e intentó embestirlos en un giro a la izquierda.
—¿por qué quiere la gente pegarnos con sus coches, niño?
—bueno, mamá, es porque son desgraciados y a los desgraciados les gusta destrozar las cosas.
—¿no hay gente feliz?
—hay mucha gente que finge ser feliz.
—¿por qué?
—porque están avergonzados y asustados y no tienen el valor de admitirlo.
—¿tú estás asustado?
—yo sólo tengo el valor de admitirlo contigo... estoy tan asustado y tengo tanto miedo, mamá, que podría morirme en este mismo instante.
—¿quieres tu biberón, niño?
—sí, mamá, pero espera a que lleguemos a casa.
siguieron su camino, giraron a la derecha en Normandie. Por la derecha les resultaba más difícil embestir.
—¿trabajarás esta noche, niño?
—sí.
—¿por qué trabajas de noche?
—porque está más oscuro y la gente no puede verme.
—¿por qué no quieres que la gente te vea?
—porque si me viesen podrían detenerme y meterme en la cárcel.
—¿qué es cárcel?
—todo es cárcel.
—¡yo no soy cárcel!
aparcaron y subieron las compras a casa.
—¡mamá! —dijo Lala— ¡hemos comprado muchas cosas! ¡soles congelados, hombres espaciales, todo!
mamá (la llamaban «Mag») mamá dijo:
—qué bien.
luego dijo a Duke:
—diablos, no quiero que salgas esta noche, tengo un presentimiento, no salgas, Duke.
—¿tú tienes un presentimiento, querida? yo lo tengo siempre, es cosa del oficio, tengo que hacerlo, estamos sin blanca, la niña echó de todo en el carrito, desde jamón enlatado a caviar.
—¿pero es que no puedes controlar a la niña?
—quiero que sea feliz.
—no será feliz si tú estás en la cárcel.
—mira, Mag, en mi profesión, sólo tienes que hacerte a la idea de que pasarás temporadas en la cárcel, yo ya pasé una, muy corta, he tenido más suerte que la mayoría.
—¿y si hicieras un trabajo honrado?
—nena, trabajar a presión es espantoso, te hunde, y además no hay trabajos honrados, de un modo u otro te mueres, y yo ya estoy metido por este camino... soy una especie de dentista, digamos, que le saca dientes a la sociedad, no sé hacer otra cosa, es demasiado tarde, y ya sabes cómo tratan a los ex presidiarios, ya sabes las cosas que te hacen, ya te lo he dicho, yo...
—ya sé que me lo has dicho, pero...
—¡pero pero pero... perooo! —dijo Duke—. déjame acabar, condenada!
—acaba, acaba.
—esos soplapollas industriales de esclavos que viven en Beverly Hills y Malibu. esos tipos especializados en «rehabilitar» presidiarios, ex presidiarios, es algo que hace que la libertad vigilada de mierda huela a rosas, un cuento, trabajo de esclavos, los funcionarios de libertad vigilada lo saben, lo saben de sobra, y lo sabemos nosotros, ahorra dinero al estado, haz dinero para otro, mierda, mierda todo. todo, hacen trabajar el triple al individuo normal mientras ellos roban a todos dentro de la ley: les venden mierda por diez o veinte veces su valor real, pero eso está dentro de la ley, su ley...
—cállate ya, he oído eso tantas veces...
—¡pues lo oirás OTRA VEZ, maldita sea! ¿crees que no lo veo y no lo siento? ¿crees que debo callármelo? ¿delante de mi propia mujer? tú eres mi mujer, ¿no? ¿no jodemos? ¿no vivimos juntos? ¿eh?
—el jodido eres tú. ahora te pones a gritar.
—¡TU eres la jodida! ¡cometí un error, un error técnico! era joven; no entendía sus reglas de mierda...
—¡y ahora intentas justificar tu estupidez!
—¡ésa sí que es buena! eso ME GUSTO, mi mujercita, mi coñito. mi coñito. eres sólo un coñito en las escaleras de la Casa Blanca, abierto del todo y acribillado mentalmente...
—Duke, que nos oye la niña.
—bueno, terminaré, coñito mío. REHABILITADO, ésa es la palabra, eso es lo que dicen los mamones de Beverly Hills. son tan condenadamente decentes, tan HUMANOS, sus mujeres escuchan a Mahler en el centro musical y hacen caridad, donaciones libres de impuestos, y las eligen entre las diez mejores mujeres del año en el Times de Los Angeles, ¿y sabes lo que te hacen sus MARIDOS? te tratan como a un perro, te recortan el jornal y se lo embolsan, y no hay más que hablar, ¿cómo no verá la gente que todo es una mierda? ¿es que nadie lo ve?
—yo...
—¡CÁLLATE! ¡Mahler, Beethoven, STRAVINSKY! te hacen trabajar de más por nada, están siempre dándote patadas en el culo, y como digas una palabra, cogen el teléfono y hablan con el funcionario de libertad vigilada, y estás listo, «lo siento, Jensen, pero no tengo más remedio que decírtelo, tu hombre robó veinticinco dólares de la caja, empezaba a caernos simpático, pero...»
—¿y qué clase de justicia quieres tú? Dios mío, Duke, no sé qué hacer, gritas y gritas, te emborrachas y me cuentas que Dillinger fue el hombre más grande de todos los tiempos, te acunas en la mecedora, completamente borracho, y te pones a dar vivas a Dillinger. yo también estoy viva, escúchame...
—¡a la mierda Dillinger! está muerto, ¿justicia? en Norteamérica no hay justicia, sólo hay una justicia, pregunta a los Kennedy, pregunta a los muertos, pregunta a cualquiera.
Duke se levantó de la mecedora, se acercó al armario, hurgó debajo de la caja de adornos navideños y sacó la pipa, un cuarenta y cinco.
—ésta, ésta, ésta es la única justicia de Norteamérica, esto es lo único que entienden todos.
y agitó en el aire el condenado trasto.
Lala estaba jugando con el hombre espacial, el paracaídas no abría bien, lógico: una estafa, otra estafa, como la gaviota de los ojos muertos, como el bolígrafo, como Cristo dando voces al Papa con las líneas cortadas.
—oye —dijo Mag—, guarda ese maldito revólver, trabajaré yo. déjame trabajar.
—¡trabajarás tú! ¿cuánto hace que oigo eso? tú sólo sirves para joder, para andar sin hacer nada tumbada por ahí leyendo revistas y comiendo bombones.
—oh, Dios mío, eso no es cierto... yo te amo, Duke, de veras.
a él ya le cansaba.
—de acuerdo vale, entonces, recoge y coloca las compras, y prepárame algo de comer antes de que salga a la calle.
Duke volvió a guardar la pipa en el armario, se sentó y encendió un cigarrillo.
—Duke —preguntó Lala—, ¿quieres que te llame Duke o que te llame papá?
—como tú quieras, cariño, como tú quieras.
—¿por qué tienen pelo los cocos?
—ay, Dios mío, y yo qué sé. ¿por qué tengo yo pelos en los huevos?
Mag salió de la cocina con una lata de guisantes en la mano.
—no tienes por qué hablarle a mi hija de ese modo.
—¿tu hija? ¿es que no ves esa boca que tiene? como la mía. ¿y esos ojos? exactamente iguales que los míos, tu hija... sólo porque salió de tu agujero y mamó de ti. ella no es hija de nadie, ella es su propia niña.
—insisto —dijo Mag— ¡en que no le hables así a la niña!
—insistes... insistes...
—¡sí, insisto! —sostuvo en el aire la lata de guisantes, equilibrada en la palma de la mano izquierda—. ¡insisto!
—¡si no quitas esa lata de mi vista te juro por Dios que te la meto POR EL CULO!
Mag entró en la cocina con los guisantes, se quedó allí.
Duke sacó del armario el abrigo y la pistola, dio un beso de despedida a su hijita. era más dulce aquella niña que un bronceado de diciembre y seis caballos blancos corriendo por una loma verde, eso era lo que le evocaba; empezaba a dolerle. se largó deprisa, cerró la puerta despacio.
Mag salió de la cocina.
—Duke se fue —dijo la niña.
—sí, ya lo sé.
—tengo un poco de sueño, mamá, léeme un libro.
se sentaron juntas en el sofá.
—¿volverá Duke, mamá?
—sí, claro que volverá ese hijo de puta.
—¿qué es un hijo de puta?
—Duke lo es. y yo le amo.
—¿amas a un hijo de puta?
—si —dijo Mag riendo—. sí, ven aquí, cariño, siéntate encima de mí.
abrazó a la niña.
—¡eres tan rica tan rica como el jamón como las galletas!
—¡yo, no soy jamón ni galletas! ¡tú eres jamón y galletas!
—esta noche hay luna llena, demasiada luna, demasiada luz. tengo miedo, mucho miedo. Dios mío, le amo, oh Dios mío...
Mag cogió una carpeta de cartón y sacó un libro de cuentos.
—mamá, ¿por qué tienen pelo los cocos?
—¿los cocos tienen pelo?
—sí.
—escucha, puse un poco de café, acabo de oír que hierve, déjame ir a apagarlo.
—bueno.
Mag entró en la cocina y Lala se quedó esperando sentada en el sofá.
mientras Duke estaba a la puerta de una bodega entre Hollywood y Normandie, cavilando: demonios demonios demonios.
no tenía buen aspecto, no le olía bien, podía haber un tipo detrás con una Luger, mirando por un agujero, así habían cazado a Louis. le habían hecho trizas, como a un muñeco de barro, asesinato legal, todo el jodido mundo nada en la mierda del asesinato legal.
el sitio no parecía bueno, quizás un bar pequeño esta noche, un bar de maricas, algo fácil, dinero suficiente para un mes.
estoy perdiendo el valor, pensaba Duke, cuando me dé cuenta estaré sentado oyendo a Shostakovitch.
volvió a meterse en el ford negro del 61.
y enfiló hacia el norte, tres manzanas, cuatro manzanas, seis manzanas, doce manzanas en el mundo en congelación, mientras Mag sentada con la niña en el regazo empezaba a leer un libro, LA VIDA EN EL BOSQUE...
«las comadrejas y sus primos, los visones, y las martas son criaturas delgadas, ágiles, rápidas y feroces, son carnívoros y compiten continua y sanguinariamente por el...»
entonces, la hermosa niña se quedó dormida y salió la luna llena.

martes, 22 de junio de 2010

" DÍAS COMO NAVAJAS,NOCHES LLENAS DE RATAS " de CHARLES BUKOWSKI

Siendo muchacho dividí en partes iguales el tiempo
entre los bares y las bibliotecas; cómo me las arreglaba para proveerme de
mis otras necesidades es un puzzle; bueno, simplemente no
me preocupaba demasiado por eso-
si tenía un libro o un trago entonces no pensaba demasiado
en otras cosas- los tontos crean su propio
paraíso.
en los bares, pensaba que era rudo, quebraba cosas, peleaba
con otros hombres, etc...
en las bibliotecas era otra cosa: estaba callado, iba
de sala en sala, no leía tantos libros enteros
sino partes de ellos: medicina, geología, literatura y
filosofía. Psicología, matemáticas, historia, otras cosas me
aburrían. Con la música estaba más interesado en la música y en
la vida de los compositores que en los aspectos técnicos...
sin embargo, era con los filósofos con los que me sentía en hermandad:
Schopenhauer y Nietzsche, incluso aquel viejo difícil-de-leer Kant;
encontré que Santayana, bastante popular en aquella época,
cojeaba y era aburrido; con Hegel realmente tenías que escarbarlo, sobre todo
con una resaca; hay muchos de los que leí de los que me he olvidado,
quizás con buena razón, pero recuerdo un tipo que escribió un
libro entero en el que probaba que la luna no estaba allí
y tan bien lo hizo que después pensaba, está
absolutamente en lo cierto, la luna no está allí.
¿cómo cresta va un muchacho dignarse a trabajar
8 horas al día cuando la luna ni siquiera está allí?
¿qué otra cosa
estará faltando?
y no me gustaba la literatura tanto como los críticos
literarios; ellos sí que eran verdaderos aguijones, esos tipos usaban
un lenguaje refinado, hermoso a su manera, para llamar a otros
críticos, otros escritores, unos huevones. Me
subían el ánimo
peor eran los filósofos quienes satisfacían
esa necesidad
que acechaba en alguna parte de mi confuso cráneo: vadeando
por sus excesos y su
vocabulario cuajado
aún me asombraban
saltaban hacia mí
brincaban
con una llameante declaración lúdica que aparecía ser
una verdad absoluta o una puta casi
absoluta verdad,
y esta certeza era la que yo buscaba en una vida
diaria que más bien parecía un pedazo de
cartón.
qué grandes tipos eran esos viejos perros, me ayudaron a atravesar
esos días como navajas y noches llenas de ratas; y mujeres
regateando como martilleros del infierno.
mis hermanos, los filósofos, me hablaban como nadie
venido de las calles o alguna otra parte; llenaban
un inmenso vacío.
Qué buenos muchachos, ah, ¡qué buenos muchachos!
sí las bibliotecas ayudaron; en mi otro templo, los bares,
era otra cosa, más simplista, el
lenguaje y el camino era diferente...
días de bibliotecas, noches de bares.
las noches eran todas parecidas,
hay un tipo sentado cerca, quizás no de
mal aspecto, pero a mí no me parece bien,
hay una horrible muerte allí -pienso en mi padre,
en maestros de escuela, en caras, en las monedas y billetes; en sueños
de asesinos de ojos fríos; bueno,
de alguna forma este tipo y yo llegamos a cruzar miradas
una furia lentamente comienza a acumularse: somos enemigos,
gato y perro, cura y ateo, fuego y agua; la tensión crece,
bloque sobre bloque apilado, esperando el choque; nuestras manos
se abren y cierran, cada uno bebe, ahora, finalmente con un propósito:
su cara se torna hacia mí:
"¿alguna cosa te molesta?"
"sí. tú"
"¿quieres algo
para arreglarla?"

"seguro."
terminamos nuestros tragos, no paramos, nos movemos hacia el
fondo del bar, afuera en el callejón; nos
damos vuelta, mirándonos cara a cara.
le digo, "no hay más que aire entre nosotros. ¿algo
para cerrar el hueco?"
él se precipita hacia mí y de alguna forma es una parte de una parte de la parte.

lunes, 21 de junio de 2010

" TÚ " de CHARLES BUKOWSKI

Eres una bestia, me dijo ella
con tu blanca panza
y esos pies peludos.
nunca te cortas las uñas
y tienes manos regordetas
zarpas como de gato
tu narizota colorada y brillosa
y los huevos más grandes
que he visto nunca.
arrojas esperma como una
ballena arroja agua por
el agujero de su espalda
Bestia bestia bestia
me besa,
Qué quieres para el
desayuno?

domingo, 20 de junio de 2010

"HIELO PARA LAS ÁGUILAS" de Charles Bukowski

Aún recuerdo los caballos
Bajo la luna
Aún recuerdo dar a los caballos
Azúcar
Terrones de azúcar blancos
Casi como de hielo,
Tenían cabezas
Como de águila
Peladas cabezas que podían morder
Y no lo hacían.
Los caballos eran más reales
Que mi padre
Más reales que dios
Y podían haberme pisado
Pero no lo hicieron
Podían haberme hecho cualquier cosa horrible
Pero no lo hicieron.
Yo aún no tenía 5 años
Pero me acuerdo;
Dios mío qué fuertes y buenas
Aquellas lenguas rojas que babeaban
Desde sus almas.

Charles Bukowski.

jueves, 17 de junio de 2010

"ENCOMIOS" de Charles Bukowski

Tras la muerte
exageramos las buenas cualidades de una persona,
las inflamos.

en vida
a menudo nos repele esa misma persona
mientras hablamos con ellos por teléfono
o sencillamente al estar en la misma habitación.

y a menudo nos mostramos críticos con su manera de
caminar, hablar, vestirse
vivir
creer

pero que se mueran,
a ver en qué criaturas se convierten
entonces.

ojalá en algún funeral
alguien dijera:
“¡qué tipo tan odioso
era!”.

incluso en mi funeral
que haya un poquito de verdad,
y luego la buena tierra
limpia.

Charles Bukowski.

martes, 15 de junio de 2010

" ESTÁN POR TODOS LADOS " de CHARLES BUKOWSKI

Los oledores de tragedias están
por todos lados
se levantan a la mañana
y empiezan a encontrar las cosas
mal.
Y se sumergen
en la rabia,
una rabia que dura hasta
que se van a la cama,
e incluso ahí
se retuercen en su
insomnio,
incapaces de quitar
de sus mentes
los pequeños obstáculos
que han hallado.
Se sienten en contra,
es un complot.
Y por estar constantemente
furiosos sienten que
siempre tienen
razón.
Los ves en el tráfico
tocando la bocina como salvajes
ante la más leve infracción,
puteando
desparramando sus
insultos.
Los sentís
en las colas
de los bancos,
de los supermercados,
de los cines
presionan
en tu espalda
te pisan los talones
están impacientes por
una furia.
Están por todos lados
y en
todas las cosas,
esas almas
violentamente
infelices.
En realidad están asustados,
como siempre quieren
tener razón
fustigan
sin cesar...
es un mal
una enfermedad de
esa raza.
El primero de ellos
que vi fue
mi padre
y desde entonces
he visto mil padres
malgastando sus vidas
en el odio,
arrojando sus vidas
al pozo ciego
y gritando
enloquecidos.-

lunes, 14 de junio de 2010

"CLARO" de Charles Bukowski

Según la investigación científica
más reciente
hace falta 325 años para que
reviente la última
neurona.

ahora caigo en la cuenta de que
la mayoría de las chicas
que conocí en bares
y me traje a casa
mentían acerca
de su
edad.

Charles Bukowski.

domingo, 13 de junio de 2010

" LO HACES MIENTRAS MATAS MOSCAS " de CHARLES BUKOWSKI

Bach, dije, tuvo 20 hijos.
apostaba a los caballos durante el día.
jodía durante la noche
y bebía en las mañanas.
en el medio escribía música.

al menos es lo que le dije
cuando ella me preguntó,
cuándo es que
escribís?

viernes, 11 de junio de 2010

"GUERRA Y PAZ" de Charles Bukowski

Experimentar
auténtico dolor
es
algo
duro
sobre lo que escribir,
imposible
de entender
mientras
estás en sus garras;
estás
acojonado *
a no poder
más,
no puedes
quedarte quieto,
moverte
ni siquiera
volverte
loco
como es debido.

y luego
cuando
por fin
recuperas
el aplomo
y eres
capaz de
evaluar
la
experiencia
es casi como
si le
hubiera ocurrido
a
otra
persona

porque
fíjate en
ti
ahora:

tranquilo
indiferente

limpiándote
las uñas

pongamos por caso

buscando
sellos
en
un
cajón
boleandote
los
zapatos
o
pagando
una
factura
de la luz.

la vida es
y no es
un
dulce
coñazo.

Charles Bukowski.

jueves, 10 de junio de 2010

" UNA Y TREINTAISÉIS A. M. " de CHARLES BUKOWSKI

me río a veces cuando pienso en
digamos
Céline en una máquina de escribir
o Dostoievski...
o Hamsun...
hombres ordinarios con pies, ojos, orejas,
hombres ordinarios con pelo en sus cabezas
sentados allí tecleando palabras
mientras tienen dificultades con la vida
mientras se devanan casi hasta la locura.

Dostoievski se levanta
deja la máquina para mear,
regresa
bebe un vaso de leche y piensa en
el casino y
la rueda de la ruleta.

Céline para, se levanta, camina hasta la
ventana, mira afuera, piensa, mi último paciente
ha muerto hoy, no tendré que hacer más
visitas allí.
la última vez que lo vi
pagó su factura médica;
son ésos que no la pagan
los que siguen viviendo y viviendo.
Céline camina de vuelta, se sienta ante la
máquina
está quieto su buen par de minutos
entonces comienza a teclear.

Hamsun se detiene junto a su máquina pensando
me pregunto si se creerán
todas estas cosas que escribo.
se sienta, comienza a teclear.
no sabe qué es un bloqueo de
escritor:
es un prolífico hijo de puta
casi tan condenadamente magnífico como
el sol.
él sólo teclea.

y yo río
no alto
pero sí arriba y abajo de estas paredes, estas
sucias paredes de amarillo y azul
mi gato blanco dormido sobre la
mesa
escondiendo sus ojos de la
luz.

él no está solo esta noche
ni tampoco
yo.

martes, 8 de junio de 2010

"LOS ZAPATOS DE JANE" de Charles Bukowski

Mis zapatos en el armario cual lirios
olvidados,
mis zapatos solos ahora mismo,
cual perros paseando por avenidas muertas,
y recibí una carta de una
mujer en un hospital,
amor, dice, amor,
pero no le respondo,
no me entiendo,
me envía fotografías de
sí misma
tomadas en el hospital
y la recuerdo otras
noches,
en que no estaba muriendo,
los zapatos con tacones como dagas
al lado de los míos
en el armario;
cómo nos mentían
aquellas noches intensas,
cómo aquellas noches se tornaron tranquilas
al final,
mis zapatos solos en el armario ahora
sobrevolados por abrigos e
incómodas camisas,
y miró la ranura que
deja la puerta
y las paredes, y no
le
respondo.

Charles Bukowski.

domingo, 6 de junio de 2010

" HOMBRE QUE CORTA EL CÉSPED AHÍ ENFRENTE " de CHARLES BUKOWSKI

Te observo pasear con tu aparato.
ah, eres demasiado estúpido para dejarte segar como la hierba,
eres demasiado estúpido para dejar que nada te viole...
las chicas no se servirán de sus cuchillos contigo,
no quieren,
su afilada hoja se desperdiciaría contigo,
sólo estás interesado en los partidos de béisbol,
las películas del oeste y las hojas de hierba.

¿no puedes encajar aunque sólo sea uno de mis cuchillos?
aquí tengo uno antiguo: me lo clavaron en 1955,
ahora está muerta, no dolería mucho.
no te puedo dar este último,
aún no me lo puedo sacar,
pero hay uno de 1964, ¿que tal si me libras
de este de 1964?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no tienes algún cuchillo alojado en las entrañas
donde desapareció el amor?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no tienes algún cuchillo alojado en lo más hondo del corazón
donde desapareció el amor?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿no ves a las jovenciats que caminan por las aceras ahora
mismo
con cuchillos en el bolso?
¿no ves sus preciosos ojos y vestidos y
cabello?
¿no ves sus preciosos culos y rodillas y
tobillos?

hombre que cortas el césped ahí enfrente,
¿eso es todo lo que ves, esas hojas de hierba?
¿eso es todo lo que oyes, el zumbido del cortacésped?

yo alcanzo a ver hasta Italia
hasta Japón
hasta Honduras
veo a las jovencitas afilando sus cuchillos
por la mañana y a mediodía y por la noche, y
sobre todo por la noche, ay,
sobre todo por la noche.

Charles Bukowski.

sábado, 5 de junio de 2010

¿A QUIÉN LE HACE FALTA? de Charles Bukowski

¿Ves este poema?
lo he escrito
sin beber.
no me hace falta beber
para escribir.
puedo escribir sin
beber.
eso dice mi mujer.
yo digo que es posible.
no estoy bebiendo
y escribo.
¿ves este poema?
lo
he escrito sin beber.
¿a quién le hace falta un trago ahora?

es probable que al lector.

Charles Bukowski.

miércoles, 2 de junio de 2010

"NADIE SINO TÚ" de Charles Bukowski

Nadie puede salvarte sino
tú mismo.
te verás una y otra vez
en situaciones
casi imposibles.
intentarán una y otra vez
por medio de subterfugios, engaños o
por la fuerza
que renuncies, te des por vencido y/o mueras lentamente
por dentro.

nadie puede salvarte sino
tú mismo
y será muy fácil desfallecer,
pero muy fácil,
pero no desfallezcas, no, no.
limítate a mirarlos.
escucharlos.
¿quieres ser así?
¿un ser sin cara, sin mente,
sin corazón?
¿quieres experimentar
la muerte antes de la muerte?

nadie puede salvarte sino
tú mismo
y mereces salvarte.
no es una guerra fácil de ganar
pero si algo merece la pena ganar,
es esto.

piénsalo.
piensa en salvarte a ti mismo.
tu parte espiritual.
la parte de tus entrañas.
tu parte mágica y ebria.
sálvala.
no te unas a los muertos de espíritu.

mantente
con buen talante y garbo
y al cabo,
si fuera necesario,
apuesta tu vida en plena refriega,
al carajo las probabilidades, al carajo
el precio.

nadie puede salvarte sino
tú mismo.
¡Hazlo! ¡sálvate!
entonces sabrás exactamente de
qué hablo.

Charles Bukowski.

martes, 1 de junio de 2010

CHARLES BUKOWSKI "NOVELA CARTERO" - CAPITULO 6



CAPÍTULO VI








1


Estaba sentado al lado de una joven que no se sabia su esquema muy bien.

-¿Adónde va el 2.900 de Roteford? -me preguntó.

-Prueba a meterlo en el 33 -le dije.

Su supervisor estaba hablando con ella.

-¿Y dices que eres de Kansas City? Mis padres nacieron en Kansas City.

-¿Ah, sí? -dijo la chica.

Entonces me preguntó:

-¿Qué me dices del 8.400 de Meyers?

-Ponlo en el 18.

Estaba un poco gorda, pero a punto. Yo pasaba de todo. Ya había tenido bastantes problemas con señoras últimamente.

El supervisor estaba completamente pegado a ella.

-¿Vives lejos del trabajo?

-No.

-¿Te gusta tu empleo?

-Oh, sí.

Se volvió hacia mí.

-¿Y el 6.200 de Albany?

-En el 16.

Cuando acabé mi cesta, el supervisor me dijo:

-Chinaski, te he estado cronometrando. Has tardado 28 minutos.

Yo no contesté.

-¿Sabes cuál es el tiempo fijado para esa cesta?

-No, no lo sé.

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?

-Once años.

-¿Llevas aquí once años y no conoces el tiempo fijado?

-En efecto.

-Clasificas el correo como si te importara tres pepinos.

La chica todavía tenia la cesta llena delante suyo. Habíamos empezado a la vez.

Y has estado hablando con la señorita que tienes aquí al lado.

Encendí un cigarrillo.

-Chinaski, ven aquí un minuto.

Se paró enfrente de los pupitres y señaló. Todos los empleados trabajaban ahora muy rápido. Les vi mover sus brazos derechos de forma frenética. Incluso la gordita estaba dándole duro.

-¿Ves estos números pintados al final de la caja?

-Sí.

-Estos números indican el número de cartas que deben clasificarse por minuto. Una cesta de medio metro debe ser clasificada en 23 minutos. Te has pasado por 5 minutos.

Señaló al 23.

-23 es lo fijado.

-Ese 23 no significa nada -dije yo.

-¿Qué coño estás diciendo?

-Quiero decir que un tipo vino con un bote de pintura y pintó ese número ahí.

-No, no, esto ha sido cronometrado y comprobado a lo largo de los años.

No contesté. ¿Qué sentido tenía?

-Voy a tener que escribirte una amonestaión, Chinaski. Tienes que aprenderte las reglas.

Volví a sentarme. ¡Once años! No tenia una perra más en el bolsillo que cuando entré por vez primera. Once años. Aunque las noches habían sido largas, los días habían pasado velozmente. Quizás era el trabajo nocturno, o hacer las mismas cosas una y otra vez, siempre igual. Al menos con la Roca nunca había sabido lo que me iba a suceder. Aquí en cambio no había lugar para sorpresas.

Once años pasaron por mi cabeza. Había visto al trabajo devorar a hombres hechos y derechos. Parecían derretirse. Estaba Jimmy Potts, de la estafeta Dorsey. Cuando llegué, Jimmy era un tío fuerte y bien parecido con una camiseta blanca. Ahora había desaparecido. Había puesto su asiento lo más cerca del suelo posible para sostenerse mejor con las piernas y no caer redondo. Estaba demasiado cansado para cortarse el pelo y había llevado el mismo par de pantalones durante 3 años. Se cambiaba de camisa un par de veces por semana y caminaba muy lentamente. Lo habían matado. Tenia 55 años. Le faltaban 7 para el retiro.

-Nunca lo conseguiré -me dijo.

O bien se consumían o se ponían gordos, anchos, especialmente alrededor' del culo y el vientre. Era por el taburete y los mismos movimientos y la misma conversación. Y allí estaba yo, con mareos y dolores en los brazos, cuello, pecho, en todas partes. Dormía todo el día para descansar del trabajo. Los fines de semana tenia que beber para olvidarlo. Había entrado pesando 92 kilos. Ahora pesaba 110. Todo el ejercicio que hacías era mover tu brazo derecho.



2


Entré en la oficina del consejero. Allí estaba Eddie Beaver, sentado detrás del escritorio. Los empleados le llamaban «Castor huesudo»*. Tenía una cabeza puntiaguda, nariz puntiaguda, mentón puntiagudo. Todo él eran puntas, hasta su alma estaba hecha de púas.

-Siéntese, Chinaski.

Beaver tenía algunos papeles en su mano. Los leyó.

-Chinaski, tardó 28 minutos en clasificar una cesta de 23 minutos.

-Oh, déjese de rollos. Estoy cansado.

-¿Qué?

-¡He dicho que se deje de rollos! Deme el papel para que lo firme y en paz. No quiero estar oyendo toda esa coña.

-¡Estoy aquí para aconsejarle, Chinaski!

Suspiré.

-Está bien, adelante, oigámoslo.

-Tenemos que cumplir una cédula de producción, Chinaski.

-Ya.

-Y cuando usted falla por defecto de producción, eso significa que algún otro tendrá que trabajar de más por usted. Eso significa tiempo extra.

-¿Eso quiere decir que yo soy responsable por esas 3 horas y media de tiempo extra que hay que hacer casi todas las noches?

-Mire, usted tardó 28 minutos en una cesta de 23 mi. nutos. Eso es todo.

-Usted lo sabe mejor que nadie. Cada cesta mide medio metro de longitud: Algunas cestas tienen 3 o 4 veces más cartas que otras. Los empleados pechan con lo que se llama las cestas «gordas». Yo no me quejo. Alguien tiene que ocuparse de lo difícil. Pero todo lo que ustedes piensan es que cada cesta tiene medio metro de longitud y que debe ser clasificada en 23 minutos. Pero no estamos clasificando cestas, estamos clasificando cartas.

-¡No, no, esto ha sido escrupulosamente cronometrado!

-Quizá. Lo dudo, pero si van a cronometrar a un hombre, no lo juzguen por una sola cesta. Incluso Babe Ruth fallaba de vez en cuando. Juzguen a un hombre por diez cestas, o por el trabajo de toda una noche. Sólo utilizan esto para joder a la gente que les resulta molesta.

-Está bien, ya ha dicho lo que tenia que decir, Chinaski. Ahora, yo LE DIGO: Ha tardado 28 minutos. Nosotros nos atenemos a eso. AHORA, si se le vuelve a sorprender en una demora de tiempo ¡pasará a un CONSEJO DISCIPLINARIO!

-¡Está bien! ¿Me permite hacerle una pregunta?

-De acuerdo.

-Supongamos que consigo una cesta fácil. De vez en cuando ocurre. A veces acabo una cesta en 5 u 8 minutos. Pongamos que acabo una cesta en 8 minutos. Según el standard de tiempo he ahorrado a la Oficina de Correos 15 minutos. ¿Puedo entonces coger estos 15 minutos y bajar a la cafetería, tomarme un pedazo de pastel con nata, ver la televisión y volver?

-¡NO! ¡USTED HA DE COGER UNA CESTA INMEDIATAMENTE Y SEGUIR ORDENANDO EL CORREO!

Firmé un papel reconociendo que había sido amonestado. Entonces el Castor Huesudo me firmó el volante, apuntó la hora y me mandó de nuevo a mi taburete a seguir clasificando correo.

* "Beaver" significa "Castor". (N. del T.)



3


Pero aun así, todavía había algo de acción de vez en cuando. A un tío le pillaron en la misma escalera en que yo me había quedado atrapado una vez. Le pillaron con la cabeza metida debajo de la falda de una chica. Luego una de las chicas que trabajaban en la cafetería se quejó de que no le habían pagado lo que le había sido prometido por unos trabajitos de copulación oral con un supervisor general y 3 empleados. Despidieron a la chica y a los 3 empleados y degradaron al supervisor general a simple supervisor.

Entonces, yo prendí fuego a la Oficina de Correos.

Me habían destinado a los papeles de cuarta clase y me estaba fumando un puro, ordenando un puñado de corleo sacado de una carretilla cuando alguien entró y gritó:

-¡EH, TU CORREO SE ESTÁ INCENDIANDO!

Miré. Allí estaba, una pequeña llama que se iba elevando como una serpiente danzarina. Evidentemente, debía haber caído antes algo de ceniza encendida.

-¡Oh, mierda!

La llama crecía rápidamente. Agarré un catálogo y, sosteniéndolo plano, golpeé con todas mis fuerzas. Saltaban chispas. Hacía calor. Tan pronto como lograba apagar una sección, se prendía otra.

Oí una voz:

-¡Eh! !Huelo a fuego!

-¡NO HUELES A FUEGO -le grité-, HUELES A HUMO!

-¡Creo que me voy de aquí!

-¡Que te den por saco, entonces! -grité-. ¡LARGO!

Las llamas me quemaban las manos. Tenía que salvar el correo de los Estados Unidos. ¡Basura de propaganda y folletos de 4 ` clase!

Finalmente, lo tuve bajo mi control. Pisé con el pie toda la pila de papeles, que había arrojado sobre el suelo, y apagué hasta el más mínimo vestigio de rescoldo.

El supervisor subió a decirme algo. Yo me quedé allí de pie, con el catálogo medio quemado en la mano, y esperé. El me miró y se fue.

Luego acabé de clasificar todos los papeluchos. Lo quemado, lo aparté a un lado.

Mi puro se había apagado. No lo volví a encender.

Me empezaban a doler las manos y me acerqué a la fuente de agua, las puse bajo el grifo. No servia de nada.

Encontré al supervisor y le pedí un volante para la enfermería.

Era la misma enfermera que solía venir a mi casa y me decía:

-¿Bueno, y ahora qué le pasa, señor Chinaski?

Cuando entré, me dijo lo mismo.

-¿Se acuerda de mí, eh? -le dije.

-0h, sí, sé que ha pasado muchas malas noches.

-Sí -dije yo.

-¿Todavía tiene mujeres en su apartamento? -me preguntó.

-Sí. ¿Todavía tiene usted hombres en el suyo?

-Está bien, señor Chinaski, vamos a ver, ¿qué le pasa?

-Me quemé las manos.

-Venga aquí. ¿Cómo se quemó las manos?

-¿Acaso importa? Están quemadas, ése es el caso.

Me estaba frotando las manos con algo. Una de sus tetas me rozaba continuamente.

-¿Cómo pasó, Henry?

-Un puro. Estaba sentado junto a una carretilla de folletos. Ha debido caer algo de ceniza. Ardió en llamas.

La teta estaba de nuevo pegada a mí.

-¡Deje las manos quietas, por favor!

Entonces me pegó todo su flanco mientras extendía un ungüento sobre mis manos. Yo estaba sentado en un taburete.

-¿Qué le pasa, Henry? Parece nervioso.

-Bueno... ya sabes lo que es, Martha.

-Mi nombre no es Martha. Es Helen.

-Casémonos, Helen.

-¿Qué?

-Quiero decir, ¿cuánto tardaré en poder usar mis manos de nuevo?

-Las puede usar ahora, si se siente con ganas.

-¿Qué?

-En el trabajo, quiero decir.

Me las envolvió con un poco de gasa.

-Me siento mucho mejor le dije.

-No debería quemar el correo. Era basura de folletos.

-Todo el correo es importante.

-De acuerdo, Helen.

Se acercó a su escritorio y yo la seguí. Rellenó mi volante. Tenía una pinta muy atractiva con su gorrito. Tenía que encontrar la manera de volver allí.

Me vio mirando su cuerpo.

-Está bien, señor Chinaski, creo que es mejor que se vaya ya.

-Oh, sí... Bueno, gracias por todo.

-Es sólo parte del trabajo.

-Claro.

Una semana más tarde había carteles de NO FUMAR EN ESTA ZONA por todas partes. Los empleados no podían fumar a no ser que usaran ceniceros. Alguien había conseguido un contrato para la manufacturación de todos estos ceniceros. Eran bonitos. Decían PROPIEDAD DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS. Los empleados robaban la mayoría.

NO FUMAR.

Yo solito, Henry Chinaski, había revolucionado el sistema postal.



4


Entonces vinieron unos hombres y empezaron a quitar todas las fuentes de agua.

-¡Eh, mirad! ¿Qué demonios están haciendo?

Nadie pareció interesarse.

Estaba en la sección de tercera clase. Me acerqué a otro empleado.

-¡Mira! -dije-. ¡Nos están quitando el agua!

Echó un vistazo a la fuente de agua, luego siguió clasificando su correo. Probé con otros empleados. Mostraron el mismo desinterés. No podía entenderlo. Busqué a mi representante sindical.

Después de un largo rato, apareció. Parker Anderson. Parker solía dormir en un viejo coche y se lavaba, afeitaba y cagaba en las gasolineras que no cerraban sus lavabos. Parker había tratado de ser un buscavidas y había fracasado. Había acabado yendo a parar a la Oficina Central de Correos, se había afiliado al sindicato y había ido a los mítines donde se había convertido en sargento del servicio de orden. Pronto era representante sindical, y luego fue elegido vicepresidente.

-¿Qué pasa, Hank? ¡Sé que no me necesitas para manejar a estos supervisores!

-No me vengas con pijadas, nene. Llevo pagando cuotas sindicales durante casi doce años y nunca he pedido una puñetera cosa.

-Está bien, ¿qué problema hay?

-Son las fuentes de agua.

-¿Están estropeadas?

-No, mecagondiós, las fuentes están bien. Es lo que están haciendo. Mira.

-¿Que mire? ¿Dónde?

-!Ahí!

-No veo nada.

-Ahí está la razón de mi protesta. Ahí solfa haber una fuente de agua.

-Así que la quitaron. ¿Y qué coño pasa?

-Mira, Parker, si fuera una, no me importaría. Pero están quitando todas las fuentes del edificio. Si no los detenemos, dentro de poco quitarán todos los retretes... y luego, cualquiera sabe...

-Está bien -dijo Parker-. ¿Qué quieres que haga?

-Quiero que muevas el culo y averigües por qué están quitando las fuentes de agua.

-De acuerdo. Te veré mañana.

-Ya lo puedes hacer. 12 años de cuotas sindicales suman 312 pavos.

Al día siguiente tuve que buscar a Parker. No tenla la respuesta. Ni al siguiente ni al otro. Le dije a Parker que estaba harto de esperar. Le daba un día más.

A1 día siguiente se acercó a mí en la pausa del café.

-Bueno, Chinaski, ya lo he averiguado.

-¿Sí?

-En 1912, cuando construyeron el edificio...

-¿1912? ¡Hace más de medio siglo! ¡No me extraña que este sitio parezca la casa de putas del Kaiserl

-Bueno, para un momento. Como te decía, cuando construyeron este edificio en 1912, el contrato especificaba un número concreto de fuentes de agua. En una inspección, la Oficina de Correos ha descubierto que había el doble de fuentes de agua de las que se especificaban en el contrato original.

-Bueno, está bien -dije yo-. ¿Qué daño puede hacer el que haya el doble de fuentes? Sólo que los empleados beberán un poco más de agua.

-Ya. Lo que ocurre es que las fuentes molestaban un poco. Se interponían en el camino.

-¿Y qué?

-Verás. Suponte que un empleado con un abogado listo se querellara contra una fuente de agua. Que dijera que se había clavado contra esa fuente empujado por una carretilla cargada con pesados sacos de revistas...

-Ya entiendo. Se supone que la fuente no estaba ahí. Se procesa a la Oficina de Correos por negligencia.

-¡Acertaste!

-Está bien. Gracias, Parker.

-A tu disposición.

Si la historia era suya, creo que valía los 312 dólares. Las había visto mucho peores publicadas en Playboy.



5


Descubrí que la única manera de no caerme desmayado por los mareos sobre mi caja era levantarme y dar un paseo de vez en cuando.

Fazzio, un supervisor que habla por entonces en la estación, me vio levantarme para ir a una de las pocas fuentes de agua que quedaban.

-Oye, Chinaski, cada vez que te veo estás por ahí paseando.

-Eso no es nada -dije yo-, cada vez que te veo también estás por ahí paseando.

-Eso es parte de mi trabajo. Tengo que hacerlo.

-Mira -dije yo-, también es parte de mi trabajo. Tengo que hacerlo. Si permanezco más tiempo en ese taburete me voy a subir de un salto a esas cajas de hojalata

y me voy a poner a silbar Dixie por el culo y Aunque no Tengamos pan, tenemos el amorcito de mamo por el pito.

-Está bien, Chinaski, olvídalo.



6


Una noche, doblaba una esquina tras haber bajado a la cafetería a por un paquete de cigarrillos, cuando me topé con una cara conocida.

¡Era Tom Moto! ¡El tío con el que habla servido de auxiliar a las órdenes de La Roca!

-¡Moto, cabrón -dije.

-¡Hank! -dijo él.

Nos dimos la mano.

-¡Eh, estaba pensando en ti! Jonstone se retira este mes. Vamos a organizarle una fiesta de despedida. Sabes, a él siempre le ha gustado la pesca. Lo vamos a levar a dar una vuelta en un bote. A lo mejor te apetece venir y tirarlo por la borda. Hemos elegido un precioso lago profundo.

-No, mira, ni siquiera quiero verle la cara.

-Bueno, quedas invitado.

Moto sonreía del culo a las cejas. Entonces miré su camisa: llevaba una chapa de supervisor.

-Oh, no, Tom.

-Hank, tengo 4 hijos que alimentar.

-Está bien, Tom -dije.

Entonces me fui.



7


No sé como ocurren las cosas. Tenía que mantener a mi hija, necesitaba algo para beber, pagar el alquiler, zapatos, camisas, calcetines, todas esas cosas. Como cualquier otro, necesitaba un coche, algo de comer, por no hablar de todos los pequeños detalles intangibles.

Como mujeres.

O un día en el hipódromo.

Viviendo al día y sin puerta de salida, ni siquiera pensabas en ello.

Aparqué en la acera de enfrente del Edificio Federal y esperé a que cambiara el semáforo. Crucé. Empujé la puerta giratoria. Era como si fuera un pedazo de hierro atraído hacia un imán. No podía hacer nada.

Era en el 2 ° piso. Abrí la puerta y allí estaban todos ellos. Los empleados del Edificio Federal. Me fijé en una chica, pobre cosita, con un solo brazo. Debía llevar allí desde siempre. Era igual que ser un viejo zarrapastroso como lo. Bueno, como decían los chicos, tenias que trabajar en algún sitio. Así que aceptaban lo que había. Era la sabiduría del esclavo.

Una negrita se levantó. Iba bien vestida y se notaba que su entorno la complacía. Me alegré por ella. Yo me hubiera vuelto majara con el mismo trabajo.

-¿Si? dijo ella.

-Soy empleado de Correos -dije-. Quiero dimitir.

Buscó debajo del mostrador y se levantó con un manojo de papeles.

-¿Todos estos?

Ella sonrió.

-¿Está seguro de poder hacerlo?

-No se preocupe -dije-, puedo hacerlo.



8


Tenías que rellenar más papeles para salir que para entrar.

La primera hoja que te daban era una carta personal fotocopiada del director de Correos de la ciudad.

Empezaba:

-Siento mucho que deje su empleo en la Oficina de Correos y... etc., etc., etc.

¿Cómo podía sentirlo? Ni siquiera me conocía.

Había una lista de preguntas.

-¿Ha encontrado a nuestros supervisores comprensivos? ¿Tenía facilidad para comunicarse con ellos?

Contesté que sí.

-¿Encontró entre los supervisores algún prejuicio en contra de la raza, religión, clase o cualquier otro factor?

No contesté.

Entonces venía una que decía:

- ¿Recomendaría a sus amigos que buscaran empleo en la Oficina de Correos?=

Por supuesto, respondí.

-Si tiene alguna reivindicación o queja en contra de la Oficina de Correos, por favor apúntelo detalladamente en el reverso de esta hoja.

Ninguna queja, contesté.

Entonces volvió mi negra.

-¿Ya ha acabado?

-Acabado.

-Nunca he visto a nadie rellenar los papeles tan rápido.

-Abrevie -dije.

-¿Que abrevie? -dijo-. ¿A qué se refiere?

-Quiero decir que qué hay que hacer ahora.

-Entre por aquí, por favor.

Seguí su culo hasta un sitio casi al fondo.

-Siéntese -dijo el hombre.

Se pasó algún tiempo hojeando entre los papeles. Entonces me miró.

-¿Puedo preguntarle por qué dimite? ¿Es por los procesos disciplinarios que se han seguido contra usted?

-No.

-¿Entonces cuál es la razón de su dimisión?

-Para hacer carrera.

-¿Para hacer carrera?

Me miró. Me faltaban menos de 8 meses para mi 50 aniversario. Sabía lo que estaba pensando.

-¿Puedo preguntarle cuál va a ser esa «carrera»?

-Bueno, señor, se lo diré. La temporada para los tramperos en la ribera sólo dura desde diciembre hasta febrero. Ya he perdido un mes.

-¿Un mes? Pero si usted lleva aquí once años.

-De acuerdo, entonces he desperdiciado once años. Puedo conseguir de 10 a 20 de los grandes después de tres meses de trampear en la ribera de Bayou La Fourche.

-¿Qué va a hacer?

-!Trampear! Ratas almizcleras, nutrias, visones, castores... mapaches. Todo lo que necesito es una piragua. Doy un 20 por ciento de mis beneficios por el uso de la tierra. Me pagan un dólar y un cuarto por piel de rata almizclera, 3 pavos por visón, 4 por marta y 24 por nutria. Vendo el cuerpo de las ratas almizcleras, que mide alrededor de 30 centímetros, a una fábrica de comida para gatos por 5 centavos. Por el cuerpo pelado de las nutrias me dan 25 centavos. Crío cerdos, pollos y patos. Pesco peces-gato. Y eso no es nada. Yo...

-No se moleste, señor Chinaski, ya es suficiente.

Puso algunos papeles en su máquina de .escribir y escribió algo.

Entonces levanté la mirada y allí estaba Parker Anderson. Mi enlace sindical, el bueno de Parker, que cagaba y se afeitaba en gasolineras, ofreciéndome su mejor sonrisa de político.

-¿Estás renunciando, Hank? Sé que te han tratado mal durante once años...

-Ya, me voy a ir al sur de Louisiana para cogerme un buen pellizco de dinero.

-¿Allí hay hipódromo?

-¿Acaso bromeas? ¡El Fair Grounds es uno de los hipódromos más cascajos del país!

Parker llevaba con él a un pálido muchacho, uno de la tribu neurótica de los perdidos, y los ojos del chico estaban empañados de lágrimas. Una gran lágrima en cada ojo. No se derramaban. Era fascinante. Había visto mujeres sentarse y mirarme con esos ojos antes de volverse locas y empezar a chillarme lo hijoputa que yo era, Evidentemente, el chico había caído en alguna do las múltiples trampas y había ido corriendo a buscar a Parker. Parker salvaría su trabajo.

El hombre me dio un papel más para firmar § entonces me marché de allí.

Parker dijo:

-Suerte, viejo -mientras me iba.

-Gracias, chico -contesté yo.

No notaba ninguna diferencia. Pero sabia que pronto, como el hombre que sale rápidamente del fondo del mar, sufriría un caso particular de aeroembolismo. Era como los malditos periquitos de Joyce. Después de vivir en una jaula había cogido la puertecilla abierta y salido volando como un disparo hacia el cielo. ¿El cielo?



9


Empecé a notar la falta de descompresión. Me emborrachaba y me quedaba más borracho que una mierda podrida en el purgatorio. Incluso una noche estaba ya con un cuchillo de carnicero puesto en la garganta cuando pensé, tranquilo, viejo, a tu niñita le gustaría que la llevaras al zoo. Helados, chimpancés, tigres, aves verdes y rojas y el sol descendiendo sobre la cabeza de ella, el sol descendiendo y colándose entre los pelos de tus brazos. Tranquilo, viejo.

Otro día estaba en la sala de estar de mi apartamento, escupiendo sobre la alfombra, apagándome cigarrillos so. bre las muñecas, riendo. Loco como un cencerro. Levanté la vista y allí estaba un estudiante de medicina. Junto a nosotros, había un corazón humano en un frasco colocado sobre la mesa. Alrededor del corazón humano, que llevaba una etiqueta que ponía «Francis", había un montón de botellas vacías de whisky, latas de cerveza, ceniceros, basura. Cogí una lata y tragué una asquerosa mezcla de cerveza y cenizas. No había comido desde hacia 2 semanas. Un interminable aluvión de gente había venido y se había ido. Había habido 7 u 8 fiestas salvajes en las que yo no había parado de exclamar:

-¡Más bebida! ¡Más bebida! ¡Más bebidal

Estaba volando hasta el cielo. Los demás sólo hablaban y se manoseaban.

-Bueno -le dije al estudiante de medicina-. ¿Qué quieres de mi?

-Voy a ser tu propio médico de cabecera.

-¡Está bien, doctor, lo primero que quiero que hagas es quitar ese condenado corazón de ahí!

-Uh, uh.

¿Qué?

-El corazón se queda donde está.

-Mira, muchacho, no recuerdo como te llamas...

-Wilbert.

-Bueno, Wilbert, no sé quién eres ni cómo has llegado hasta aquí, ¡pero quiero que te lleves a tu «Francis»!

-Nó, se queda contigo.

Entonces sacó su maletín y el brazalete de goma para el brazo y empezó a bombear con la perilla.

-Tienes la presión sanguínea de un chico de 19 años -me dijo:

-Déjate de gilipolleces. ¿Oye, no va contra la ley el abandonar por ahí tirados corazones humanos?

-Ya volveré a por él. Ahora, respira.

-Pensaba que en la Oficina de Correos me iban a hacer perder la razón. Ahora apareces tú.

-¡Quieto! ¡Respira!

-Necesito un buen pedazo de culo joven, doctor. Ese es mi problema.

-Tu espina dorsal está descolocada en 14 sitios, Chinaski. Eso conduce a la tensión, imbecilidad y, a menudo, a la locura.

-¡Cojones! -dije yo...

No recuerdo haberlo visto irse. Me desperté en el sofá a la 1:10 de la tarde, muerte en la tarde, y hacia calor, el sol entraba a degüello a través de los huecos de la persiana para ir a parar al frasco que había en el centro de la mesa de café. «Francis» había pasado toda la noche conmigo, cociéndose en una salmuera alcohólica, nadando en la extensión mucosa del fenecido diástole. Sentado allí, dentro del frasco.

Parecía pollo frito. Quiero decir, antes de freírlo. Exacto.

Lo cogí, lo metí en el armario y lo cubrí con una camisa. Luego fui al baño y vomité. Acabé, pegué la cara al espejo. Largos pelos negros me salían por toda la cara. De repente, tuve que sentarme y cagar. Fue una de las buenas, bien cálida.

Sonó el timbre. Acabé de limpiarme el culo, me puse algo de ropa y fui a abrir la puerta. ,

-¿Hola?

Había un joven con largo pelo rubio cayéndole sobre la cara y una chica negra que no paraba de sonreír como si estuviese loca.

-¿Hank?

-¿Quiénes sois, muchachos?

-Ella es una chica. ¿No nos recuerdas? ¿De la fiesta? Hemos comprado una flor.

-Oh, coño, entrad.

Entraron con la flor, una especie-de cosa roja-araran. jada con un tallo rojo. Parecía tener más sentido que la mayoría de las cosas, excepto que había sido asesinada. Encontré un jarrón, puse la flor, saqué algo de vino y lo puse sobre la mesa.

-¿No te acuerdas de ella? -dijo el chico-. Dijiste que querías tirártela.

Ella se rió.

-Una buena idea, pero no ahora.

-Chinaski, ¿cómo te las vas a arreglar sin la Oficina de Correos?

-No sé. Puede que te joda. O deje que me jodas tú. Carajos, no lo sé.

-Puedes dormir en nuestro suelo siempre que quieras.

-¿Os podré mirar mientras jodáis?

-Claro.

Bebimos. Me había olvidado de sus nombres. Les enseñé el corazón. Les pedí que se llevaran aquella cosa horripilante. No me atrevía a tirarlo a la basura, el estudiante de medicina lo necesitaba para un examen y lo tenia qué devolver al laboratorio o lo que fuera.

Así que salimos y fuimos a ver un show erótico, bebiendo y gritando y riéndonos. No sé quién tenía dinero, pero creo que debía ser él, lo que estaba bien, y yo no paraba de reír y pellizcaba el culo de la chica y sus muslos y la besaba, y a nadie le importaba. Mientras durase el dinero, durabas tú.

Me llevaron de vuelta a casa y se fueron los dos, Yo abrí la puerta; dije adiós, puse la radio, encontré media pinta de escocés, me la bebí, riéndome, sintiéndome bien, relajado finalmente, libre, quemándome los dedos con apuradas colillas de cigarrillos, hasta que finalmente me fui a la cama, llegue hasta el borde, me tiré, caí, caí sobre el colchón, dormí, dormí, dormí...



.......



Por la mañama era de día y yo seguía vivo.

Quizás escriba una novela, pensé.

Y eso hice...