miércoles, 22 de septiembre de 2010

CHARLES BUKOWSKI "NOVELA MUJERES" - CAPITULO 37

Yo a las mujeres las llevaba bien a los combates de boxeo, bien al hipódromo. Aquel jueves por la noche llevé a Katherine a una velada boxística en el Olympic. Nunca había asistido a un combate en vivo. Llegamos allí antes del primer combate y nos sentamos en primera fila de ring. Yo bebía cerveza, fumaba y esperaba.
—Es extraño —le dije—, toda esta gente sentada aquí esperando a que dos
hombres suban ahí a ese ring a tratar de noquear al otro a golpes.
—Parece algo desagradable.

—Este sitio fue construido hace mucho tiempo —le dije mientras ella contemplaba el viejo foro—. Hay sólo dos servicios. Uno para los hombres y otro para las mujeres, y son minúsculos. Así que intenta ir antes o después de los descansos.
—Muy bien.

El Olympic era frecuentado sobre todo por latinos y trabajadores blancos de medio pelo, junto a unas pocas estrellas de cine y celebridades. Había muchos boxeadores mexicanos muy buenos, que peleaban con todo su corazón. Las únicas malas peleas eran cuando boxeaban negros o blancos, especialmente los pesos pesados.

Estar allí con Katherine era algo extraño. Las relaciones humanas eran extrañas. Quiero decir que pasabas un tiempo con una persona, comiendo, durmiendo y viviendo con ella, amándola, hablando con ella, yendo a los sitios juntos y, de repente, todo cesaba. Luego había un corto período de tiempo durante el cual no estabas con nadie, pero entonces otra mujer aparecía y tú comías con ella y jodían con ella y todo parecía-tan normal como si hubieses estado esperando a que llegara y ella hubiese estado esperándote a ti. A mí nunca me parecía bien estar solo, algunas veces no me sentía mal, pero nunca me parecía bien.

La primera pelea fue una de las buenas, con mucha sangre y coraje. Un escritor tenía mucho que aprender en los combates de boxeo o en el hipódromo. El mensaje no era del todo claro pero a mí me ayudaba. Esto era lo principal: el mensaje no era definible. Era inexpresable, como una casa ardiendo, o un terremoto, o una inundación, o una mujer saliendo de un coche mostrando sus piernas. Yo no sabía lo que otros escritores podrían necesitar; no me importaba, de cualquier modo era incapaz de leerlos. Estaba encerrado en mis propios hábitos, mis propios prejuicios. No era malo ser un bobo si la ignorancia era todo lo que tenías. Sabía que algún día escribiría sobre Katherine y que sería duro. Era fácil escribir sobre zorras, pero escribir sobre una mujer de excepción era mucho más difícil.

La segunda pelea también fue buena. La muchedumbre rugía y se desgañitaba y trasegaba cerveza. Habían escapado temporalmente de fábricas, almacenes, mataderos, garajes de limpieza de coches... volverían a la cautividad al siguiente día, peroa ho ra estaban fuera, enardecidos por la libertad. No estaban pensando en la esclavitud de la pobreza, ni en la esclavitud de la beneficencia y los sellos de comida. El resto de nosotros
viviría tranquilo hasta que los pobres aprendiesen a construir bombas atómicas en sus
sótanos.Todos los combates fueron buenos. Me levanté y fui al retrete. Cuando volví,
Katherine estaba muy seria. Más parecía que estuviese presenciando un ballet o un
concierto. Parecía tan delicada y aun así tenía un polvo tan maravilloso.

Yo seguí bebiendo y Katherine me agarraba de la mano cada vez que una pelea se hacía excepcionalmente brutal. La multitud adoraba los noqueamientos. Prorrumpían en salvajes ovaciones cada vez que uno de los combatientes abandonaba el mundo de las luces.E llo s propinaban aquellos golpes. Tal vez estaban zurrando a sus patrones o a sus mujeres. ¿Quién podía saberlo? ¿A quién le importaba? Más cerveza.
Sugerí a Katherine que nos fuéramos antes del final. Yo ya tenía bastante.
—De acuerdo —dijo ella.

Subimos por el estrecho pasillo, con el aire azul de humo. No se produjeron silbidos ni gestos obscenos. Mi cara triturada y llena de cicatrices era a veces una garantía de tranquilidad.
Bajamos al pequeño aparcamiento debajo de la autopista. El Volkswagen no estaba

allí. El modelo del 67 era el último buen Volkswagen, y los jovenzuelos lo sabían.
—Hepburn, nos han robado el jodido coche.
—Oh, Hank, seguramente no.
—Ha desaparecido. Estaba aquí aparcado —señalé—, y ahora ya no está.

—Hank, ¿qué vamos a hacer?
—Cogeremos un taxi. Me siento mal de verdad.
—¿Por qué hace la gente estas cosas?
—Tienen que hacerlo. Es su manera de escapar.

Entramos en un café y llamé un taxi por teléfono. Pedimos un café y unas rosquillas. Mientras presenciábamos los combates alguien había estado abriendo la cerradura y haciendo un puente en mi coche. Yo tenía un dicho: «Llevaros a mi mujer, pero dejar mi coche». Nunca mataría a un hombre que se llevara a mi mujer; mataría sin contemplaciones a aquel que se llevara mi coche.

Vino el taxi. En mi casa, afortunadamente, había cerveza y algo de vodka. Había desistido de toda esperanza de mantenerme lo suficientemente sobrio para poder hacer el amor. Katherine lo sabía. Estuve dando vueltas de un lado a otro hablando de mi Volkswagen azul del 67. El último modelo bueno. Ni siquiera podía llamar a la policía. Estaba demasiado borracho. Tenía que esperar hasta por la mañana, hasta mediodía.
—Hepburn —le dije—, no es culpa tuya,tú no lo robaste.
—Ojalá hubiera sido así. Ahora lo tendrías.

Pensé en dos o tres jovencitos corriendo mi angelito azul por toda la autopista de la costa, fumando droga, riéndose, descapotándolo. Luego pensé en todas las chatarrerías de la avenida Santa Fe. Montañas de parachoques, parabrisas, portezuelas, piezas de motor, neumáticos, ruedas, volantes, llantas, asientos, frenos, radios, pistones, válvulas, carburadores, palancas de cambio, transmisiones, ejes... mi coche pronto iba a ser sólo una pila de accesorios.

Aquella noche dormí pegado a Katherine, pero mi corazón estaba entristecido y
frío.

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16 comentarios:

Anónimo dijo...

Y donde estan los demas capitulos ???

Anónimo dijo...

el resto de capitulos? :(

Anónimo dijo...

que paso con los demás capítulos????

Anónimo dijo...

Aquí esta. http://solobukowski.blogspot.mx/2010/09/charles-bukowski-novela-mujeres_24.html

TONO dijo...

NO MAME NO DEJE ASI EL ESPIRITU DE LA SORPRESA SON COSAS QUE TE DEJAN IMPOTENTE POR NO PODER HACER ALGO.

Anónimo dijo...

JAJAJAJA aplausos para tono

Anónimo dijo...

ladronsuelos de pacotilla interrumpieron el sexo

Anónimo dijo...

esos malditos se robaron hasta los demás capítulos...

Anónimo dijo...

deje de trabajar por leer esto y ahora no están los capítuloS¿???
NO JODAN!!

Anónimo dijo...

Gracias tío!

Anónimo dijo...

Mierda, dónde están los demás capítulos?

Anónimo dijo...

Necesito más historias de mujeres! En todos los sentidos ¿me oyeron?

Anónimo dijo...

No puede ser que nos dejen así!!! Donde estan los demás capítulos!

Anónimo dijo...

Hijos de la chingada, todo hacen a media. No Mamen, sólo 38?

Anónimo dijo...

Me salvaste la vida

Anónimo dijo...

Jajaja pinche ansiedad, tendré que ir a buscar el libro, no me puedo quedar así!